El orden social impuesto por el sistema de
organización política y económica mundial ha facilitado la desintegración de
los pueblos al mismo tiempo que ha permitido una visión fragmentista del
espacio, a partir de una conciencia individualista del uso y desuso de los
recursos, de dominación del espacio y de los efectos de la industria expansiva,
a saber, los desastres urbanos y toda esa “estela generacional” que
descentraliza los desastres urbanos hasta llevarlos al resto del espacio rural
y natural, y así a una realidad mundial.
Las guerras internas, los modelos de
desarrollo económico y las ideologías políticas y de credo han tenido gran
influencia sobre el medio ambiente, y han modificado las interacciones humanas
dentro de él, así los sujetos de consumo y de cambio social se han
materializado de forma tal, que las "estructuras" propias de cada uno
(cada individuo), así como las construcciones históricas son moldeadas,
transformadas y fundadas en principios de colonización, casi en competencia del
espacio, y la mejor adaptación al sistema será propia de una categorización
según el alcance cuantitativo de los recursos, es decir, de los servicios y
bienes básicos. Cuando se trata de exponer la “realidad propia” basta
considerablemente con la mirada (observación) de la experiencia vivida y de la
cercanía con el medio de asentamiento, que indiscutiblemente se encarga de
moldear la perspectiva y la concepción de los problemas sociales, y si quiere
llamársele así, una sensibilidad y comprensión del espacio y de los
comportamientos “propios” y “ajenos” dentro de él.
Y alrededor del mundo las condiciones de
vida están supeditadas a los convenios políticos de negociación y comercio
internacional, que han llegado a organizar los medios de producción nacional,
los presupuestos y gastos del fondo público en los servicios de salud y de
educación, y la resolución de disputas internas. Los deseos de segregación
cultural, así como los sentimientos de arraigo social se han visto confrontados
y transgredidos en tanto y cuanto, la proclamación y peticiones de autonomía y
separación cultural han llevado al descontento entre los civiles, y con esto,
la evidencia de un ambiente desarmonizado y armamentista, propio de los
conflictos.
La gran marcha hacia el ínfimo y magnificente
concepto de espíritu.